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miércoles, 14 de febrero de 2018

Cotilleo la vida de Virginia Woolf



No sé si es la edad o si siempre he sido así y no me daba cuenta, el caso es que desde hace unos años me encanta leer diarios, cartas, confesiones y demás de escritores y, lo más curioso es que no tienen por qué ser escritores de los que me guste leer su obra. Me explico un poco: últimamente cotilleo la vida de Virginia Woolf sin miramientos.

Antes de Virginia, me dio por la correspondencia de Julio Cortázar, del que sólo he leído Rayuela, y tampoco entera, aunque me dio por perseguir una edición un tanto antigua y muy esquiva por todas las ferias de libros de ocasión y librerías de viejo que me encontraba. Algún día me tendré que hacer mirar esa obsesión mía por esa edición. Fui parada por parada, tanto en Madrid como en Valencia, enseñando una foto del libro deseado sin conseguirlo. No os cuento la carita con la que muchos me miraban... creo que más de uno se reconoció en mi locura.

Otra forma de cotilleo en vida ajena es leer el Mientras leo de Stephen King, o De qué hablo cuando hablo de escribir, de Murakami, aunque en ese caso no estoy profanando la confianza que una persona depositó en sus páginas blancas y que después salieron a la luz tras su muerte.

De todos modos, por mucho que estos últimos desnuden su alma sabedores de que vamos a ser legión los lectores, no deja de ser cotilleo. ¿Por qué encontramos los enamorados de las letras tanto placer en leer las confesiones íntimas de los grandes escritores?

Pero yo he venido aquí a hablar de El diario de Virginia Woolf Vol. 1 (1915-1919), editado hace unos pocos meses por Tres Hermanas. A hablar del libro y de mi particular visión sobre él. No soy una experta en la autora, de la que sólo he leído Una habitación propia y Orlando, ni en la literatura de la época... ni siquiera soy una experta en literatura en general. Tan sólo soy una lectora empedernida y una escritora que hace lo que puede.

El libro es una pequeña maravilla, o no tan pequeña porque estamos hablando de 613 páginas. ¿Sabéis cuántos meses hacía que no lamentaba tanto ver cómo, poco a poco, iban menguando las páginas que restaban? La cubierta es una delicia y el papel es tan suave, con un tono color crema tan cálido... 

Si vamos a lo importante, al diario de Virginia en sí, tengo que reconocer que al principio me desconcertó con sus frases cortas, tan cortas que me resultaban crípticas. Las entradas diarias ocupaban apenas una página y yo quería saber más de ella, no de las cuitas de sus amigos y conocidos, de los que igual era una crítica mordaz que la mejor de las consejeras.



El diario comienza el viernes 1 de enero de 2015 y una de mis frases preferidas aparece el día 5 cuando cita a su hermana Vanessa que, quejándose del servicio, le dice que la limpieza es un fetiche que no merece adoración. Creo que encontré a mi alma gemela en ese párrafo.

Es extraño leer de su mano cómo era vivir en Londres y alrededores durante la Primera Guerra Mundial. El pánico por los bombardeos, las estrecheces por los racionamientos, las pérdidas de conocidos y amigos... nada parece perturbar a Virginia, como si dejar que esas cosas afectaran a uno fuera cosa de gente con poca clase, o poco seso. Habrá quien piense que era una snob, una pretenciosa, una señorita de familia bien que en su juventud había jugado a ser hippie (lo que después sería serlo) con sus otros amigos también de familia bien. Pero Virginia era, simplemente, Virginia.

Adoro el tándem que forma con su marido, Leonard. Son, o parecen ser, o debería ser si pensamos que un diario debe de ser sincero aunque sus editores advierten que la sinceridad no era su fuerte, un mecanismo bien engrasado. Cada uno con su vida social, con sus reuniones, con sus cenas, amigos e intereses privados además de todo cuanto emprendían en común, como su pequeña Hogarth Press.

Imagino a Leonard como un compañero fiel, respetuoso con la personalidad tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo de su mujer. Puedo verle sentado frente a ella en la mesa durante algunas de las pocas cenas a solas que disfrutaban (¿cómo soportaban tener tantas visitas?), escuchando sus maliciosos comentarios sobre uno y otro amigo, sus profundos exámenes sobre la prosa de aquel otro, o quejándose del montón de libros por reseñar.

Porque esa es otra, ¿cómo podía reseñar, con la calidad y agudeza que se esperaba de ella, varios libros cada semana? Además, también escribía extensos artículos, montaba páginas para imprimirlas junto a su marido... y escribía.


La Virginia escritora apenas asoma en este primer volumen. Aunque su prosa en el propio diario evoluciona y sus frases se vuelven más poéticas, más largas, más embelesadoras. Se nota que disfruta con el hábito de escribir su diario y alarga el tiempo que le dedica. Hay que estudiar con detenimiento sus descripciones, tan peculiares. Es preciso pararse a disfrutar con las imágenes que crea en la mente del lector que las paladea. Definitivamente, a quien sus novelas no resulten atractivas debería perderse en sus diarios para aprender a decir aquello no tan obvio pero mil veces más importante; hay una gran lección de escritura casi en cada página. 

Habla muy poco de las novelas que va escribiendo y publicando durante esos años. No disimula su nerviosismo tras la publicación de Noche y día, cree que va a ser un fracaso, que no van a pedir más ejemplares, hasta que empiezan a llegar las reseñas positivas y aumentan los ejemplares solicitados, y en Norteamérica se interesan por su obra. Ahí Virginia resplandece. Todo les va bien en esa época, Leonard triunfa allá por donde pasa, Hogarth Press va cogiendo carrerilla, se compran una casa en el campo.

Es un contraste puro entre la mujer aquejada de crisis de locura, fuera eso lo que fuera, que apenas podía salir de la cama durante semanas, y la mujer de piernas fuertes como sus ideas, la que hacía kilómetros paseando a pie o en bicicleta. La que caminaba medio Londres al encuentro de sus amigos tras una visita a la biblioteca. ¿Cómo lo hacían ella y su marido para encontrarse sin teléfonos móviles después de haber pasado el día entero de acá para allá cada uno por su cuenta? Me recuerdan un poco a Oliveira y la Maga, de Rayuela, que no quedaban porque eso era de gente normal, pero caminaban para encontrarse.








miércoles, 31 de enero de 2018

El escritor organizado, o de cómo planificar la carrera de escritor

Mi agenda de escritora de Imborrable
Nunca he sido buena con eso de llevar una agenda, ni cuando estaba en EGB, ni en el instituto ni en ninguno de mis trabajos pasados o actuales. Soy un desastre. Lo que me ocurría de pequeña era que si anotaba en la agenda los deberes y exámenes los eliminaba de mi mente y, como después siempre se me olvidaba mirarla, pues llegaba a clase y me encontraba con sorpresas desagradables.

Después de mucho leer aquí y allá sobre lo mala que es la multitarea y lo necesario que es apuntar las cosas que tienes pendientes para sacarlas de tu mente y poder centrar ésta en lo que tienes entre manos en ese momento, comencé a utilizar folios reciclados doblados por la mitad o post-it para anotar las cosas que tenía que hacer en el día.

Más tarde, me imprimí organizadores semanales para dividir las tareas en varios días y tener las cosas más controladas. Y también me hice con uno mensual para que no se me pasaran las fechas importantes. Lo coloqué todo en un corcho junto a mi mesa... Y me olvidé de mirar el corcho... Esa soy yo.

Así que por Navidad le pedí a Papá Noel que me trajera esta agenda de Imborrable, que trabajan muy bien, son rápidos y majos, y me decidí a pasar aquí la planificación anual de mi carrera de escritora. Que suena muy bien dicho así pero vamos, que estoy empezando y hay poco que contar. Digamos que estoy con los ejercicios de calentamiento todavía y todos sabemos que esto es una maratón y hay que entrenar mucho.

La cuestión es que, como ya os dije en la anterior entrada, y si no la habéis leído, pues aquí está, en noviembre me apunté al NaNoWrimo alentada por Ana Bolox (qué haría yo sin ella) y regresé a esto de juntar letras. Lo disfruté tanto que me animé a seguir y en diciembre comencé a trabajar la planificación a largo, medio y corto plazo con El Escritor Organizado, un planificador ideado por Ana Bolox con un montón de plantillas y un buen manual de instrucciones para saber hacer las cosas bien, sin apresuramientos tontos, con los pies en la tierra y todas esas cosas tan necesarias.

Con esta herramienta comienzas por analizar el año que terminó (o terminaba en ese momento) y ver qué logros habías conseguido, qué cosas se te habían atragantado, y qué había influido para bien o para mal para que lograras o no lo que te habías propuesto. Analizar con detalle los fracasos me llevó a darme cuenta de que los había visto venir pero no había hecho nada para remediarlo, y eso fue un buen capón en la cabeza que me di yo a mí misma porque sí, me lo merecía. Pero no se analiza sólo lo malo, después te recreas en lo bueno y eso te da el subidón para afrontar el futuro con ganas. Y lo bueno en mi caso, en cuanto a querer ser escritora, era haber terminado mi primer manuscrito de novela.


Al releer esto me sigue entrando dolor de estómago


Siguiendo con el programa de Ana, tocaba ponerse a pensar dónde quiero verme en el futuro y, después, ir volviendo hasta el presente, poquito a poquito, para planificar los pasos a seguir. Si aún no tenéis el Escritor Organizado, corred a comprarlo, no seáis tontos, porque no puede haber inversión mejor. El trabajo con las plantillas fue arduo. Reconozco que me dolió el estómago y me puse muy nerviosa al ir completándolas porque vi que no era tan imposible como pensaba pero, sobre todo, porque vi la cantidad de trabajo que tenía por delante y la de miedos que tenía que agarrar por los cuernos de una vez.

Valió la pena, insisto e insistiré una y mil veces. Y lo estoy midiendo esta semana. Me explico: una de las cosas que tienes que hacer a final de mes es ver si has cumplido con los propósitos que habías puesto en la planificación de cada semana. Si te habías pasado de fantasioso, toca asentar más los pies en el suelo y ser realista y acomodar lo que no has podido hacer en el mes siguiente y ver si tienes que reajustar incluso el trimestre. Si te quedas corto y te ha sobrado tiempo (cosa más que rara), ya sabes que puedes cargar un poco más tu planificación en los meses siguientes si vas a disponer poco más o menos del mismo tiempo. Y así cada mes y también cada trimestre.

Volviendo al tema de la agenda. Como tenía tan poco confianza en mí y en mi capacidad para cumplir mis buenos propósitos, porque tenía la moral muy alta al terminar la planificación pero me conozco, en mi preciosa agenda nueva sólo puse la planificación de enero y sólo en la parte de notas del calendario mensual. Ninguna anotación en el apartado semanal, para poder ir replanificando cosas ya desde la primera semana.

Pero... redoble de tambores... Salvo una cosa que escapa a mi control, ¡no sólo he cumplido con la programación sino que tengo medio febrero adelantado! Ay, mi madre, que no me lo creo.

Lo que no he podido hacer es iniciar los trámites legales (ISBN, depósito legal, etc.) del cuento infantil que estoy a punto de publicar con otro coautor y una magnífica ilustradora porque no nos poníamos de acuerdo con la portada y algún detalle más. Pero, a cambio, hemos adelantado mucho la escritura de la segunda parte del libro del que sólo había previsto terminar la escaleta. Así que en febrero podré cambiar tiempo de escritura por tiempo para trámites legales y ya está.

Además, también he puesto en marcha de nuevo este blog, que estaba previsto para el mes que viene, he creado la lista de suscriptores con correos quincenales (si no estás suscrito, ya tardas ;-), jeje), he ideado la web para esa saga de cuentos y preparado también ya su lista de suscriptores y material para ella y para redes sociales... que también tenía planificado para febrero.

Y, porque eso no es todo. Tenía pensado comenzar a pensar en una nueva novela en febrero, pero ya llevo media escaleta y tres capítulos escritos. Y he hecho tres cursos de la plataforma de Marketing online para Escritores en vez de uno, como había agendado. Y he aprendido mucho con los artículos de Jaume Vicent de Excentrya, y de muchos otros blogueros y escritores que son un gran acicate para mí.

Con todo esto no quiero lanzar las campanas al vuelo y ya sé que igual el mes que viene me quedo a mitad y es un puñetero fracaso y vengo aquí a final de mes a lloriquear y... Pero algo tengo muy, muy claro: 



Ahora queda seguir trabajando para seguir cumpliendo pequeños sueños cada día, cada semana, cada mes. Queda tooooodo el trabajo del mundo por delante pero eso ya, más que asustarme, me motiva, porque empiezo a tener herramientas para enfrentarme a lo que haga falta. 



miércoles, 24 de enero de 2018

Dudas, dudas y más dudas

Me lo pregunto cada mañana

Hace más de un año que no publico nada nuevo en este blog y todo tiene una causa, un porqué, una excusa. La mía son las dudas. Dudas, dudas y más dudas.


¿Por qué en plena escritura de una novela con tintes detectivescos o policíacos me entran ganas de leer de todo menos policíaco? ¿Por qué ya no me parece tan divertido crear tramas y subtramas rebuscadas para engañar al lector? ¿Por qué me apetece más hablar de la vida, de sus pequeños dramas diarios, de las mochilas que arrastramos, de lo que dicen nuestros silencios?


miércoles, 30 de noviembre de 2016

El CrimNoWrimo como alternativa al NaNoWrimo

Pocos escritores, así en genérico —no entremos a valorar si uno es escritor profesional o aficionado ni cuándo se pasa de uno a otro, ni de si siempre debemos llamarnos escritores a secas porque de eso ya han hablado mucho y mucho mejor de lo que podría hacerlo yo—, no han oído hablar del NaNoWrimo. 50000 palabras escritas en el mes de noviembre de un proyecto de ficción nuevo, para resumirlo.

Como eso me parecía bastante inalcanzable y, además, mi proyecto ya estaba comenzado, tenía que buscar alternativas para aprovechar lo bueno de ese mes de locos.

Logo diseñado por la maravillosa Izaskun del blog Filias' home

Por suerte, fomo parte de un grupito de escritores de novela policíaca y entre nosotros organizamos el CrimNoWrimo. Cada cual podía seguir con el proyecto que tuviera entre manos y el reto a conseguir eran 15000 palabras. Iríamos subiendo al grupo las palabras escritas, nuestras impresiones, nuestros tropiezos, y nos animaríamos los unos a los otros.

martes, 22 de noviembre de 2016

Festival SINDOKMA en Valencia: marketing pero cara a cara

Este fin de semana pasado se celebró en el barrio de Ruzafa, en Valencia, el festival SINDOKMA. Yo me enteré el miércoles pasado, por pura casualidad (léase aburrimiento y desgana totales perdiendo el tiempo por Facebook). Ruzafa es mi barrio favorito de la ciudad que adoro, así que siempre es bienvenida una excusa para ir, pero es que, en este caso, se trataba de un festival de libros en el que prevalece el libro de autor, la ilustración, el libro infantil, las pequeñas librerías y editoriales, los autores que luchan.
Habrá que apuntarlo para el año próximo

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Falcó versus Mejías. O de cómo crear dos protagonistas inolvidables

Se me ha pasado por la cabeza la locuela idea de hablar de cómo debe ser un protagonista de novela policíaca comparando a dos personajes carismáticos que andan estos días en las mesas de novedades.

Imagen de Casa del Libro
Imagen de Casa del Libro

Hace dos semanas hablé sobre mis lecturas del mes de octubre. En esa entrada ya me explayé a gusto sobre lo mucho que me había gustado la última novela de Pérez-Reverte. En cuanto terminé Falcó, cogí con ansia otra novela a la que le tenía muchas ganas. El jardín de cartón es la segunda novela donde Santiago Álvarez recrea las andanzas de su detective privado Vicente Mejías. Hablaré con más detenimiento de ella en el resumen del mes de noviembre, pero creo que debo dar unas pinceladas para que nos situemos.

martes, 8 de noviembre de 2016

¿Problemas con el narrador? ¡Qué va!

Que levante la mano quien no ha tenido problemas con el tipo de narrador elegido. No creo que sea yo la única pardilla a la que se le ha puesto borde el narrador y le ha dicho que para esa tarea debería haber llamado a su primo el de Siberia.

Según leo por todas partes, en decenas de libros y blogs cuya valía está más que demostrada, la elección del narrador es la segunda tarea del escritor. Primero será decidir qué demonios quiere contar, después viene lo de decidir quién lo cuenta y cómo.